SERIE DE POEMAS “DIOS CONTRA TODOS” O, “SI CAE MIERDA DEL CIELO”.
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Es lo que se escucha,
La calle,
Un surco,
No hay tiempo para nada,
Y el dolor,
En la cara de la gente,
Lo que se escucha,
Es lo que ronda y nadie dice,
El llanto de la gente,
La economía,
Ningún proyecto,
El tiempo, gigante,
Patea el cráneo,
Y éste,
Rueda en la avenida desolada,
Algo que se escucha,
Y la gente no aparece,
No dice, no habla,
Pero se escucha,
el llanto,
La lucha del que estudia,
El ruido del hambre,
La venganza,
El odio incomprensible.
¿Hay alguien ahí?
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Hoy,
En la calle,
Bajo la lluvia,
La gente,
Perdió las esperanzas.
La pobreza se entremezcla
en la riqueza,
como algo natural.
Todos piden dinero,
Todos,
Para la comida y la pasta base.
Hoy, todos rotos,
Las ciudades se resquebrajan.
Dicen que estamos mejor,
Pero la gente,
Perdió las esperanzas.
Desencantados
Huyeron
Despavoridos
decimos “sí”, “va bien”,
Duele pensar en lo peor,
Y sino,
que vengan a contarle a la
gente,
Que hoy,
Bajo la lluvia,
Perdió las esperanzas.

EL CHICO QUE VIVE EN LOS TILOS
No puede creer el calor aplastante
de Argentina
No es normal,
los comercios son angustias,
ya no comemos o,
comer comemos,
lo más barato que golpea al ánimo.
Le viene a la mente la rosarina
fanática de Central,
tatuada y boca floja,
con una hija, sola,
matándose la cabeza
para ganarse el mango del día.
El chico que vive en Los Tilos
ve en la calle
rostros indignados,
expresión de injusticia de quienes
no emiten palabras,
no pueden,
sino pierden el laburo.
“En estas épocas,
los patrones aprietan,
es cuando más se juega,
con la necesidad de la gente”
dice el chico que vive en la calle Los Tilos,
y en el día a día,
ve cómo
tumberito perdió el trabajo,
y se escucha que está en duda,
si esto sigue o se cae,
y parece decir o preguntarse,
qué se hará con toda la plata que se le ajusta.
Porque el chico del bajo pueblo
no es boludo,
se hace el que no sabe,
pero sabe.
Ahora se acuerda de la rosarina,
y se llena de tristeza,
porque sabe que el pobre
busca la plata para comprar la comida del día,
mientras otros hablan de inversiones,
y otras cosas que no importan,
porque así funciona todo,
son mundos paralelos
“si cae mierda del cielo”
dice el chico que vive en Los Tilos,
a dos cuadras del almacén Los Aromos,
donde se provee al paso los puchos que fuma,
por avenida Santa Fe,
entre el olor puro de los robles
cuando sopla el viento Este,
y el fétido olor del frigorífico
cuando el viento es del Oeste.







