Presentación
“Me encanta maldita falopa”
30 Mil Pe$oS, El Doctor
Nadie sabe bien qué significa, pero de un tiempo a esta parte se ha popularizado en el lenguaje común el uso del término falopa como adjetivo para referirse a objetos de dudosa calidad y clasificación, copias berretas sin esfuerzo ni talento y hasta acontecimientos extraños, bizarros o de naturaleza esotérica, a falta de una palabra mejor para describirlos. La otra acepción del término, como sustantivo, se refiere al clorhidrato del principio activo de la planta de coca usado como droga recreativa, y no será considerada aquí ya que excede los objetivos de este trabajo.
Lo que se propone con estas líneas (de texto) es el ejercicio pensar, de manera oblicua y heterodoxa, algunas referencias que se anudan alrededor del uso de este adjetivo y -sin la necesidad de arribar a ninguna definición concluyente- jugar con sus significados posibles dejándonos llevar hacia puertos desconocidos. La idea directriz consiste en la hipótesis de que la aparición de este neologismo en la cultura popular indica la emergencia de una nueva forma estética que, atravesada en el limbo de la intersección entre realidad y falsificación, reclama la dignidad y el estatuto propio de instituirse como una categoría aparte, con una especificidad insubrogable.
Se utilizarán los trabajos Shanzhai, de Byung-Chul Han (2017), y el Manifiesto Cyborg, de Donna Haraway (1985), como disparadores y orientadores para pensar la tensión existente entre los conceptos de original y copia desde el campo filosófico contemporáneo, mas la reflexión final sobre la estética en cuestión, en clave psicoanalítica, corre exclusivamente por cuenta (y riesgo) del autor.
Sepa quien lee tener tolerancia e indulgencia ante algunos enunciados que pudieran, a primera vista, parecer obscenos o escatológicos, y entiéndase que un mínimo de “humor y juego serio” resulta metodológicamente necesario para abordar la singularidad del objeto en cuestión y su inextricable ironía para-ontológica.

Intento de definición
Al provenir del lunfardo y carecer de un estado del arte robusto sobre la etimología del término, habrá que recurrir a definiciones informales y apelar ligeramente al sentido común. Un somero análisis de fuentes internetísticas de dudosa confiabilidad (Joaqu1n, 2023)1 sugiere que la etimología de la palabra se remonta a los términos falopa, del italiano, que significaría —según estos chismes— “mentiroso”, y faluppa, del latín: mugre o basura. No es posible confirmar estas hipótesis, pero tampoco podemos descartarlas sin más, ya que resultan suficientemente convincentes y funcionan como buen punto de partida para la investigación. Además, es posible encontrar el uso del término falopa como adjetivo en los países de la región rioplatense (y adyacentes), como equivalente a barato, económico y de calidad inferior. La Real Academia Española (2023) no aporta información significativa al respecto del uso del significante falopa como adjetivo, y meramente se limita a definirlo como estupefaciente o dosis de una droga. No sorprende que, de quien nada se esperaba, nada esté haciendo. En fin.
Entonces, se cuenta ya con algunos indicios para definir provisoriamente a un objeto falopa como una falsificación de baja calidad, algo que miente, traduce/traiciona un original, con resultados evidentes para cualquier paisano, paisana o paisanx. La distinción entre copia fiel e imitación falopa salta a la vista, muerde, aúlla su trucha naturaleza. Bastará con poner como ejemplo la comparación entre una cocaína de alto grado de pureza y calidad, y el estupefaciente barato que se compra en cualquier esquina para reconocer la diferencia: es falopa.
Una de las principales responsables en la expansión y popularización del término fue una divertida página de Facebook, “Homeros Falopa”2(2023). Creada en el año 2012, esta se dedicaba a documentar y coleccionar las más diversas variedades de imitaciones de baja calidad de Homero Simpson, pintados a lo largo y a lo ancho del paisaje conurbanístico bonaerense, que por su evidente y grosero error en la reproducción del original resultaban ominosamente graciosas. En el archivo de esta y otras páginas que se dedican a lo mismo (Sinson del Conurbano, 2023; Simpson Falopa, 2023) puede recorrerse un interesante y su(b)realista catálogo de fauna falopística, que pareciera recién salida de un universo paralelo, una versión fallida de nuestra -pretendidamente recta- línea temporal.

Original, copia y shanzhai
Byung-Chul Han (2017), el escritor de best-sellers filosóficos, analiza en su libro Shanzhai la práctica cultural china que lleva este nombre. El shanzhai es un modo de copia y reproducción artística que no implica de ninguna manera, para los chinos, un insulto sobre la obra original ni un robo de propiedad intelectual. Muy por el contrario, en esta cultura la reproducción de una obra constituye una alabanza y una veneración de la misma. Han argumentado que esto es posible debido a una forma completamente distinta de pensar al ser y la esencia, que resulta impensable para la concepción occidental, y lo adjudica a la negatividad de la des-creación y la ausencia que el vacío del budismo pone en el centro de su cosmología. Entonces, Han opone “la creencia en la inmutabilidad y permanencia de la sustancia [que] responde a la idea de la subjetividad moral y la objetividad normativa occidentales” (p. 12) al Tao oriental (camino, devenir) como una contrafigura frente al esencialismo y la mismidad occidental: “la negatividad de la des-creación y de la ausencia vacía al ser desde el comienzo del proceso o camino infinito” (p. 12).
Así, las copias falopa y las copias shanzhai (cuyo intento de traducción al inglés, imposible de literalizar, sería fake) comparten el atributo de que “no pretenden engañar a nadie, su atractivo consiste en que ellas mismas indican de manera expresa que no son un original, sino que juegan con este” (p. 79). La cuestión principal es que, para los chinos —afirma Han—, no existe algo así como una obra original o, en todo caso, no estaría tan fetichizada la idea de originalidad como lo está en la cultura occidental. “Una obra de arte china nunca permanece idéntica a sí misma. Cuanto más venerada, más cambia su aspecto. Los expertos y coleccionistas escriben sobre ella” (p. 21); los interpretadores las reproducen introduciendo cambios de su propia preferencia y los copistas intercambian sus réplicas por los originales como si de la misma cosa se tratase. De esta manera, la obra va mutando y desfigurándose, impulsada hacia el horizonte no totalizable de su límite asintótico por el vacío incolmable que constituye su centro y las inscripciones y transcripciones que situacionalmente la van resignificando y transformando. A partir de estos procedimientos la obra atraviesa la dialéctica de una metamorfosis radical, pero esto no implica una injuria hacia el original, sino más bien todo lo contrario, ya que “la figura fundamental del pensamiento chino no es el ser, uniforme y único, sino el proceso poliforme y heterogéneo” (p. 21) que rodea el vacío central de su ontología cósmica.
Han luego procede a caracterizar dos conceptos más de la cultura china para designar la copia:
• Fangzhipin, como recreaciones en las que resulta evidente la diferencia respecto del original. No se trata de modelos ni copias, que pudieran comprarse, por ejemplo, en un museo.
• Fuzhipin, reproducciones exactas del original, con el mismo valor que el original. No conlleva una connotación negativa.
La paradoja que problematiza esta cuestión es la misma que plantea el famoso apólogo del barco de Teseo3. El mito cuenta que, durante un largo viaje, el barco fue sufriendo daños y debió ser reparado numerosas veces. Fueron tantas las reparaciones que al final, al volver a Creta, hasta la última pieza del barco había sido reciclada y reemplazada. Entonces, surge la pregunta: ¿es el barco que regresó al puerto el mismo que partió? ¿Cuáles son los criterios que determinan qué es una copia y qué es un original? “Se podría decir que la copia es más original que el original” (p. 62), pero lo correcto sería afirmar que con el concepto de shanzhai desaparece por completo tal disyuntiva.
La imitación falopa, evidentemente (salta a la vista), no se pretende copia fiel ni reproducción. En cualquier caso, sería una interpretación libre de una obra previa, que incluye coyunturalmente sus limitaciones técnicas y las resignificaciones y reapropiaciones del “original”, que producen un sorpresivo encanto (o espanto) suplementario. De esta ganancia de placer, como exceso imposible de reabsorber en la lógica de categorías estéticas previas, se extrae la conclusión de la irreductibilidad del término y la necesidad de proponer y sostener la singularidad de una estética falopa.
Las copias o las situaciones falopa son de una naturaleza tal que desafía el sentido común y tensionan al máximo límite posible a las categorías del entendimiento con las que nos manejamos en la vida cotidiana. La perplejidad, belleza y/o gracia que producen son la prueba insoslayable de que quien percibe lo falopa está ante una nueva forma estética sui generis y disruptiva que se impone en la realidad y no puede ser ya desestimada. Si bien es cierto que el término funciona muchas veces como un concepto “paraguas” (o “bolsa de gatos”) donde van a parar los inclasificables, o lo que simplemente no encaja en el universal, es la creencia de este trabajo que existe un hilo conductor que agrupa las significaciones que se anudan alrededor del término falopa, y tanto es así que hoy en día mucha gente entiende, aunque sea vagamente, a qué se refiere alguien cuando lo utiliza.

Mito, blasfemia e ironía
En el Manifiesto Cyborg, Haraway (1985) plantea una idea homóloga a la práctica cultural china del shanzhai, pero de un modo mucho más radical. En contra de los mitos tradicionales y totalitarios de occidente que, según Haraway, funcionan legitimando y perpetuando regímenes políticos opresivos (patriarcado, racismo, heteronormatividad, capitalismo), esta autora propone pensar una política feminista a través del mito irónico del ciborg.
La ironía se trata de contradicciones que no se resuelven en una Gestalt superior, ni siquiera dialécticamente, sobre la tensión de sostener juntas cosas incompatibles porque ambas (o todas) son necesarias y verdaderas. En la ironía se trata simultáneamente de humor y juego serio. (p. 5)
El ciborg harawayano vendría a ser la blasfemia irónica que se burla del ideal de la identidad como esencia inmutable idéntica a sí misma, pretendido por la tradición occidental, en tanto este se encuentra constituido como un “organismo cibernético, un híbrido de máquina y organismo, una criatura de realidad social tanto como una criatura de ficción” (p. 5). Para la filósofa, los mitos fundacionales tradicionales de occidente vendrían a funcionar como modelos ficcionales o perdidos históricamente que, no obstante, operan con eficacia simbólica (latente) a través de una maquinaria de representación que presupone un modelo original y primario. Luego, la creencia en la verdad de este (falso) original terminaría por producir las subsecuentes identidades abyectas alienadas de sí mismas en tanto se conforman alrededor de una supuesta norma o modelo hegemónico, siempre inalcanzable en tanto ideal4. El principal problema que se desprende de esto no es tanto la alienación de las identidades como el tratamiento que se le da a la diferencia, a lo que se aleja de dicha norma. Entonces, Haraway pretende atacar directamente el núcleo de este problema, es decir, la diferencia entre original y copia, entre mito y herejía, afirmando que “el vínculo entre ciencia ficción y realidad social es una ilusión óptica” (p. 6), y disparando sentencias como la siguiente:
“La biología es histórica hasta la médula, inevitablemente. No hay una frontera en donde la evolución acabe y la historia comience, en donde los genes se detengan y el medio ambiente inicie su marcha, en donde la cultura mande y la naturaleza obedezca, o viceversa”. (Haraway, 2016)
Haraway estudia la biología a través de la filosofía y descubre que la ortodoncia, como ciencia auxiliar de la medicina, modifica y transforma las mandíbulas de la población en un tiempo histórico determinado tomando como modelo de mordida perfecta una especie extinta, o, más precisamente, una especie que nunca vivió sobre la faz de la Tierra: las esculturas de los dioses griegos (Haraway, 2016). Mediante esta operación de “develamiento ideológico”, se trasluce cómo un mito fundacional (puramente abstracto e imaginario) termina asumiéndose como original y, consecuentemente, dando forma a la realidad. Luego, la realidad se aparece como “natural”, pero ¿cuál “naturaleza” y cuál “realidad”? Señoras y señorxs: pura falopa.
El ciborg franquea la fantasía aristofanística de una unidad originaria y entra en oposición absoluta e irreductible con cualquier historia fundacional que implique una supuesta pureza, inocencia y completud primordiales. Los blancos predilectos de esta blasfemia son los principios lógicos aristotélicos de no contradicción, identidad y del tercero excluido.
Así, podría decirse que el ciborg de Haraway está hecho de pura falopa, no tiene un original al cual remitirse o, en todo caso, este está perdido para siempre y ni siquiera desea parecérsele. El original no existe pues la falsificación es el original en tanto soporta la tensión de sus contradicciones inmanentes sin necesidad de recurrir a un ideal, un origen o una síntesis que autoricen su existencia.

Conclusión
Lacan (1971) agrega algo parecido, de una forma un poco más aforística —naturalmente— , cuando afirma que “si un hombre que se cree rey está loco, no lo está menos que un rey que se cree rey” (p. 169). El estatuto real del rey es sancionado por el orden simbólico (histórico y cultural) que funda y sostiene sus condiciones de posibilidad e interpretación, tal como el hábito hace al monje, el diploma a la licenciada y la camiseta de Boca al hincha de Boca. De esto se sigue que, en tanto simbólico, este estatuto puede falopearse. La falopización implica un movimiento histórico crítico que recuerda que todo lo que está hecho por la cultura puede también ser deshecho en un mismo toque de varita.

La hipótesis central que causa este trabajo es la siguiente: la estética falopa señala, interpela y denuncia el punto de radical inconsistencia ontológica de la realidad. La no coincidencia de la realidad consigo misma. La brecha insalvable que existe, fatalmente, entre la representación y lo representado. Al ser una parodia tan recalcitrantemente bizarra y ridícula, lo falopa cuestiona los límites mismos de la realidad y sus representaciones, y recuerda (de manera oblicua y al sesgo, ya que de lo contrario no sería divertido sino traumático) que el supuesto original está a su vez hecho de la misma estofa (a saber, semblantes), por lo tanto, cae el original al mismo nivel de la falopa: el único nivel que hay: copia de copia de copia, puro simulacro, puro humo y espejos.
Cuando nos enfrentamos a lo falopa sentimos esa sensación indescriptible y unheimlich de que algo anda mal pero no sabemos bien qué es, algo hay ahí que no debería estar en ese lugar, mas no podemos determinar con precisión qué es lo que nos perturba o nos produce una risa atravesada. La Lustgewinn (ganancia de placer en el chiste), que se traduce en lo cómico de lo falopa, confirma en este caso la hipótesis freudiana del Witzarbeit (trabajo del chiste) del “chiste escéptico”5(Freud, 1905, pp. 108-109), al indicar una escena Otra cuya naturaleza inefable e inaccesible solo es posible percibir al sesgo y mirando de través.
Esta sensación de incomodidad subjetiva parte del núcleo mismo del sinsentido elemental de nuestra experiencia, y es lo que nos recuerda con insistencia y sorna la estética falopa: la finitud y el absurdo de la propia existencia y la carencia de un mito original al cual remitirnos como garantía final para explicar el mundo de manera completa y acabada. Cuando lx sujetx se enfrenta a lo falopa se asoma al abismo abierto en lo real, bordea el filo de los confines del universo y pasea por las montañas de la locura. Este impasse radical, como agujero insalvable en la experiencia simbólico-imaginaria que hacemos del mundo, es la falopa misma. O, más precisamente, lo falopa es lo que nos recuerda la incompletud traumática de lo simbólico y funciona asimismo como último bastión ante este precipicio, velando parcialmente con un exceso el fondo de ausencia fundamental del cual parte la pregunta por nuestra existencia, para la cual todas las respuestas resultan inadecuadas.

1 http://etimologias.dechile.net/?farlopa
2 https://www.facebook.com/HomerosFalopa
3 Ferret, S. (1996). El barco de Teseo. El problema de la identidad a través del tiempo. París: Minuit.
4Ideal como modelo a seguir y como perteneciente al plano de las ideas, imaginario.
5“Sin embargo, la sustancia más seria de este chiste es el problema de las condiciones de verdad; el chiste vuelve a indicar un problema, y saca partido de la incertidumbre de uno de nuestros más usuales conceptos. ¿Consiste la verdad en describir las cosas como son, sin preocuparse del modo en que las entenderá el oyente? ¿O esta verdad es solo jesuitismo, y la veracidad genuina debe más bien tomar en cuenta al oyente y transmitirle una copia fiel de lo que nosotros sabemos? Considero a los chistes de esta clase lo bastante diversos de los otros para indicarles un lugar particular. No atacan a una persona o a una institución, sino a la certeza misma de nuestro conocimiento, de uno de nuestros bienes especulativos. Por tanto, el nombre adecuado para ellos sería el de chistes «escépticos»” (Freud, 1905, pp. 108-109).
Referencias
Ferret, S. (1996). El barco de Teseo. El problema de la identidad a través del tiempo. París: Minuit.
Freud, S. (1905). El chiste y su relación con lo inconsciente. En Sigmund Freud Obras Completas VIII. Amorrortu.
Han, B., C. (2017). Shanzhai (善债). El arte de la falsificación y la deconstrucción en chino. Caja Negra.
Haraway, D. (1985). Manifiesto Cyborg. Ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo XX. ProQuest Ebook Central.
Homeros Falopa [Página de Facebook]. Obtenido en mayo del 2023 https://www.facebook.com/HomerosFalopa
Joaqu1n. (2022). Etimología de Farlopa. En Etimologías de Chile. En Línea: http://etimologias.dechile.net/?farlopa
Lacan, J. (1971). Acerca de la causalidad psíquica. En Escritos. Siglo XXI.
Sinson del Conurbano [@sinsondelconurbano] [Perfil de Instagram]. Obtenido en mayo del 2023 https://www.instagram.com/sinsondelconurbano/
Simpson Falopa [@simpsonfalopa] [Perfil de Instagram]. Obtenido en mayo del 2023 https://www.instagram.com/simpsonfalopa/
Terranova, F. (Director). (2016). Donna Haraway: Storytelling for earthly survival
Donna Haraway: Cuentos para supervivencia terrenal] [Película Documental]. Icarus Films.






