Fragmento del Poemario “Las Cosas Frágiles”
Un fino hilo de agua tibia cae
sobre la boca de un hormiguero
es sólo la inocente maldad
de otro niño aburrido:
no sabe qué hacer cuando sus padres
se sientan a la sombra del árbol
como leones, a rugir
soluciones a la hostilidad
de un mundo injusto.

En el fondo de mi casa un jardín
de ojos espera, no sé
qué hacer con su mirada
¿les debo algo?
¿una respuesta?
tantos gusanos, insectos,
plagas entre las grietas
les contaría lo horrible
para que lloren, crezcan sanos,
puedan ver el cielo
más allá de las tormentas.

Los pájaros volaban bajo el agua,
fluían como fluye la felicidad
los sábados por la mañana
cuando los que se aman desayunan
pero de pronto
suceden cosas terribles:
una corriente negra
de plumas negras
de ojos negros
los domingos por la tarde
en el dormitorio.

Corremos alrededor de la mesa
sosteniendo una corona
cuando suena el reloj, frenamos
y, le toque a quien le toque,
la corona cambia de dueño
el nuevo bufón correrá
siempre alguien
tiene que correr.

El problema
nunca fue que una nube
cubra el sol,
que una gota
haga un lodazal
que el llanto de los niños
– esos que siempre quieren algo –
no nos deje hablar
el problema es que el amor
es una moneda
que se sostiene, frágil,
sobre su borde.

Todavía queda, intermitente,
la fosfórica luz de la noche
fuimos lo que queríamos ser:
bichitos de luz
que eventualmente
se van a apagar.







