Este diario tiene pretensiones discretas, pretende hablar del todo que surca a la nada, de la astrología de una semilla de malvón o de la orfandad metafísica del ginkgo biloba.
Los diarios son gabinetes de curiosidades, conservan objetos nimios y observan pensamientos megalómanos, hacen recordar, revivir, hacen querer volver a algún lugar perdido o dan señales de prohibido pasar. No enseñan nada, no adolecen de esa vanidad, más bien construyen cotidianidad amenazados de insignificancia. Tampoco responden preguntas, quizás puedan invitarlas.
Acá está lo que viví en algunos momentos. Lo demás, todo lo demás, ¿dónde está? La melancolía amenaza al diario, aunque el diario sea un cuarto de vicisitudes, ¿cómo dar cuenta de lo que pasa cada día y de lo que vuelve a pasar, de lo banal de lo cotidiano, de lo común, de lo ordinario?, ¡¿de lo infraordinario?!
Inventariar cosas comunes, asecharlas con ideas, hacerlas salir, arrancarlas del caparazón al que están adheridas, darles una lengua, que finalmente hablen de lo que existe, de lo que somos: el diario como animismo de las cosas.
Inventariar aquello que parece ir de suyo a condición de haber olvidado su origen. Volver a encontrar el asombro. Describir mi calle, la tuya, habitar una dirección, una fecha, dibujar una puerta, embolsar un escombro: el diario como colecta de los días.
Inventariar un paseo citadino, una visita, una casa habitada por el amor de las amigas, una cocina con mate cocido, un patio con plantines de aloe vera, un naranjo, una higuera, un uso y un devenir de las plantas que anidan en estos lugares, en suma, restos de vida que se funden en la inmensidad de mis diarios.
Inventariar en la memoria de las flores, o atesorar en las plantas memorias: recuerdos botánicos. ¿En qué flores guardan sus secretos? ¿Hay árboles que se acuerdan de lo que ustedes olvidan?

-Un manto de invisibilidad para recorrer las diez cuadras que separan mi casa del estudio.

-Un souvenir de nuestra esquina favorita.

-Una caminata salmón, cuando todos vuelven, a la hora del repliegue.

-¿A veces sólo basta con cambiar algo para satisfacer el deseo?

-De una ciudad sólo quiero quedarme con sus placeres. Un buen plan,
vagabundearlas sin norte.

-En una escena, la habitación y la luz, juntas, significan un estado de ánimo. En otra escena, la luz, sola, encandila lo que percibo.

-Salgo a caminar, necesito estar cansada, en estos días me aturde tanto silencio.

-Estoy feliz. Ahora puedo oír por qué los vecinos se ladran tiernamente.

-Propuestas de trabajo para esta semana: una, describir mi casa, describir otra,
comparar; dos, hacer un inventario de lo que llevo en mi mochila.

-¡Que hermoso viajar desde el Centro Pompidou hacia cualquiera de los pasajes que conducen a lugares recónditos!

-Compartimos series, nos abrazamos en la distancia. Puedo entender perfectamente por qué estás llorando por esa película.

-Sentarme frente al río, hipnotizada. Me ocurre lo mismo con el humo y las luces parpadeantes.

-Voy dejando cosas en el camino. Quizás, al final, deje el camino. Soy un gerundio, estoy estando.


-Apurada con un bolso de mandados. Oculto algunos productos que no sé muy bien para qué quiero (…) Entiendo que nada puede esconderse eternamente.






