El escritor está solo
solo ante él
solo ante el mundo
solo ante la persona que ama
Esto último lo aterra
“¿cómo solo?”
Trata de poner en orden sus pensamientos
-la persona amada tiene los ojos color miel-
El escritor tiene un gran miedo
“¿qué diferencia este amor del otro?”
-la persona amada lo mira desde el fondo de sus ojos-
El escritor está aterrado
El amor blande su arma contra un niño
Yolanda Pantin
Celebro este libro como quién organiza la fiestita de un año de su primer hijo, con esa emoción atravesada, sabiendo lo que esa guirnalda colgada significa. Este libro es como uno de esos regalos en donde, a medida que lo vas abriendo, aparecen otros en su interior: además de encontrarnos con la escritura de Yamil, el libro contiene muchas referencias a ensayos y obras que nos dan ganas de ir a leer. La alegría de abrir estas páginas se debe a lo conmovedor del gesto inaugural y también por el salto que da al amplificar su escritura, sacándola fuera de ese escritorio que se ve en la portada, haciendo que el libro salga por esa ventana y nos alcance.
En el recorrido de los capítulos, Yamil sostiene el lugar de analizante: se puede homologar su gesto a quien asume el riesgo de recostarse en un diván y dejarse llevar por el inconsciente.
¿Y cuál es la pregunta entredicha que impulsa y atraviesa el libro? Mi respuesta viene adherida a otra pregunta: ¿será acaso el enigma sobre la paternidad, sobre su función, su trama?
Preguntarse por la paternidad, por la filiación, no es sólo hablar de padres, es hablar también de hijos.
De Maradona como “padre nuestro que estás en los cielos” a la fantasía de Sartre de no tener padre, pasando por la identificación exagerada de Theodor Reik con Freud, Yamil va delineando referencias, escenas y lecturas que se abren a dimensiones diversas del superyó, a variaciones sobre el superyó.
En los festejos de cumpleaños de mi niñez nos divertíamos con ese juego que consiste en ir rompiendo el papel de un regalo varias veces cubierto: distribuidos en ronda, el que comenzaba abría la primera capa del envoltorio, el de al lado continuaba con la envoltura siguiente, y así hasta que se llegaba al final y el último se quedaba con el objeto al descubierto. También el superyó parece irse desplegando por capas en estos ensayos. Cuando rompemos la primera cobertura, la más divulgada –la del padre introyectado, como heredero del complejo de Edipo– empezamos a encontrarnos con capas que parecen más complejas, que remiten a otros términos y con los que no asociamos, en la superficie del concepto, con el superyó: la filiación, la identidad, el terror, la persecución, la herencia, la función de la promesa. Retiradas todas sus fundas, ¿hay posibilidad de llegar a un superyó al desnudo? ¿O su corazón está desparramado en sus cubiertas? Pienso en esos versos de Juan Gelman:
IV
La carencia construye mundos habitados/fábulas
del encuentro/constancias del ardor. El deseo no
se quiere morir ante el cadáver del deseo. El yo se dirige
a un vos incomprensible/elude los días cortos/
lo que saca corazón del corazón. El fue de estar interrumpe
la noche/va al centro del párpado cerrado.
La experiencia no tiene conciencia/vaga en sus atributos
como un mendigo rico.
***

Una noche de llanto desatado, alivio a mi hijo menor cantando:
“Hasta el viejo hospital de los muñecos llegó el pobre Pinocho malherido, un cruel espantapájaros bandido lo sorprendió dormido y lo atacó. (…) a un viejo cirujano llamaron con urgencia y con su vieja ciencia pronto lo remendó, pero dijo a los otros muñecos internados todo esto será en vano, le falta el corazón. El caso es que pinocho estaba grave, en sí de su desmayo no volvía, y el viejo cirujano no sabía a quién pedir prestado un corazón. Entonces llegó el hada protectora y viendo que Pinocho se moría le puso un corazón de fantasía y pinocho sonriendo despertó”
Alcanzada por la ternura, advierto que era la canción que mi padre nos cantaba cuando estaba en casa. Me conmuevo al constatar que la fórmula funciona y que esa melodía guía a mi hijo a la calma de la noche hasta que se duerme.
¿No es la historia de Pinocho, la historia de una filiación, es decir, la historia de la construcción de un hijo, pero también la de un padre?
Al viejo carpintero Gepetto, que construye muñecos de madera para todos los niños y niñas del pueblo, le está, sin embargo, impedido ser padre. El hada le concede este deseo dándole vida a uno de sus muñecos: Pinocho. Le concede a este muñeco el “tú eres”, y con ello la entrada en la cadena filiatoria, la entrada en la promesa: “tú eres el que me seguirás”, con todas las complejidades que contiene la donación de la palabra.
Me gustaría citar un fragmento donde Yamil (leyendo las últimas clases del seminario La psicosis) escribe sobre esto:
Ese tú, entonces, está ligado a la toma de la palabra. Hay diferentes modalidades del tú eres. Depende de cómo se articule la frase, del momento en que se corte, resultará el sentido, y el lugar que el sujeto tenga para responder. Tú eres el que me seguirás, por ejemplo, posee un sentido. Es, “por lo menos, una elección, quizás única, un mandato, una devolución, una delegación, una inversión”. En cambio, “tú eres el que me seguirá”, sin la “s”, es meramente una constatación, “que más bien nos inclinamos a considerar una constatación penosa”. Linda con la persecución, implícita en el término seguir.
Pero además, dentro de esta frase con la que juega Lacan, está el tú eres: esa frase inyecta el ser. Es una indicación a ser, un mandato. Estamos en el plano del bautizo, del nombre. Tengo anotado, en el margen de la página: “al ser lo recibimos”.
***
Días atrás mi hijo mayor me hizo una pregunta: “¿Por qué existe el mundo? ¿Por qué existe la vida?” Respondí con alguna teoría precaria acerca de las células, pero su intención no iba dirigida a cómo se hizo el mundo, cuándo comenzó la vida, sino al porqué.
Pienso en una cita del último ensayo de Yamil: “el psicoanálisis es una práctica de las consecuencias, de los efectos, no de las causas”.
La cita es del libro Nada nos impide, nada nos obliga, de Carlos Kuri.
Pienso es ese corazón de fantasía de la canción de Pinocho ¿Y si la causa es una fantasía? En todo caso, dejo la pregunta acá, en el aire, como se dice, y recomiendo la lectura de Variaciones sobre el superyó.







